
Nada. No hubo forma. Tenía que ir a hacerme el análisis a la sanidad privada. Le pregunté a la administrativa que da las citas en mi centro de salud si había alguna forma de hacerme ese test en la pública, como siempre, pero me dijo que ya no era posible. También consulté con un abogado, para ver si tenía derecho a exigir ser atendida por médicos y enfermeras públicos (es decir, funcionarios), pero desgraciadamente no lo tenemos: Los servicios privados contratados por la sanidad pública cuentan a ese tipo de efectos como servicios públicos.
Mierda.
Así que me dirigí presta una mañana a la Fundación Jiménez Díaz. Por supuesto ya no está cerca de mi casa, así que tengo que coger el metro y desplazarme; y además, nada de ser atendido a una hora adecuada para las personas que trabajamos (8 a 10 u 8,30 a 10,30, como en la pública), no: de 11,30 a 2. Cágate. Menos mal que tengo turnos rotativos y esa semana estaba de tarde, que sino no hubiera podido hacerme los análisis.
Estos análisis suelen costar unos 5 minutos de tu tiempo, poco más si tienes que esperar. En la sanidad pública el procedimiento es sencillo: Entras por turno de llegada, te cogen la muestra y te dan un papel con el número de referencia de la muestra y el día en el que los análisis llegarán a tu médico de cabecera.
Sabiendo ésto, yo hice mis cálculos: Si como tarde tengo que salir a la 1 de mi casa para ir a trabajar, si llego allá a las 11,3o y entro la primera, a las 12 estaré en casa, tiempo suficiente para preparar algo rápido y comer antes de irme.
pobre oveja ingenua...
11,30. Llego. Espero 45 minutos antes de que me atiendan en el registro de entrada. Los que van por la privada tienen preferencia y entran antes que yo.
12,15. Una de las administrativas me atiende. Me toma todos los datos y discute un rato sobre si mis análisis van a "laboratorio" o "microbiología". Empiezo a imaginarme a mi tubo de análisis aullando desesperado, olvidado en el departamento incorrecto.
12,30. Me da las pegatinas. En ellas aparece mi nombre, fecha de nacimiento y centro de salud al que pertenezco. Me indica que suba a la primera planta.
12,30-12,45. He visto hospitales en Nigeria más limpios y con mejores medios. Erro por los pasillos hasta que una enfermera me dice que "entre a preguntar en el laboratorio".
Entro en el laboratorio y encuentro al enfermero que debe hacerme los análisis. Las neveras en las que guardan los análisis (las normales, como las de casa) hace tiempo que dejaron de ser electrodomésticos para convertirse en un elemento más de la arqueología contemporánea.
12,45. Al estar la sala ocupada, el enfermero no tiene más remedio que llevarme a la zona VIP. Paredes recién pintadas, una enfermera en cada esquina, cámaras, tecnología, todo bonito y precioso. Acabo de pasar por una puerta temporal de Nigeria a Suecia.
Me informa de que los análisis "estarán en 3 días, pero si vas a tu médico de cabecera en una semana seguro que ya le han llegado".
13,00. Salgo del hospital una hora y media más tarde de cuando entré y voy directamente al trabajo sin comer. Iba a quejarme, pero luego lo pienso mejor: A ver si ahora nos vamos a creer que los pobres y los rojos tienen derecho a comer todos los días, válgame (su) dios.
A la semana voy a mi médico de cabecera. Los análisis no están. Mi médico y la administrativa ponen una reclamación y piden una copia de mis análisis. Me dicen que vuelva la próxima semana.
Siguiente semana. Mis análisis no están. Mi médico está bastante irascible por el hecho de que sean incapaces de dar un cochino papel con el día exacto en el que llegarán los análisis. Echo de menos la pública.
Siguiente semana a la siguiente semana. Mis análisis no están. Mi médico entra en berserker. Le secundo.
Vamos a ver mañana si han hecho caso de las reclamaciones de esos perros de la pública, a ver si han llegado ya.
Ya sabéis, optad por la sanidad privada. ¡Seguridad, rapidez y eficacia!
Forges, el grande.






